Los artistas viven en su propio mundo. Un mundo privado, mágico y de difícil acceso para todos los demás. Jorge Stanyo Kaminsky no vive en Tequisquiapan, vive en su propio mundo. De padre húngaro, madre polaca y nacido mexicano, Jorge Stanyo es uno de los escultores en hierro más prolíficos e interesantes. Artista de los buenos, de los de antes. Conocedor de historia, geografía, ciencia, música, pintura y por supuesto escultura. Armado con un buen vino tinto, y un excelente queso de cabra, me atreví a visitarlo en su casa, en su taller. Desde que haces sonar la campana de su casa, te adentras a un mundo ajeno a ti, a su mundo. Un perro sale a darme la bienvenida, pero Kaminsky le detiene dándole órdenes en alemán. “Carlos, que gusto verte ¿Cómo están tus papás? Me alegro. Pero pasa, pasa estoy con unos amigos”. Jorge me conduce hasta su cocina-comedor, un lugar detenido en el tiempo, en donde resaltan una mesa de madera, una estufa de carbón junto a una de gas, una hermosa lámpar...